Un productor catamarqueño impulsa la comercialización de este producto asegurando que es casi idéntico a la leche materna y que tiene beneficios medicinales.
El debate sobre qué ponemos en nuestra mesa sumó un nuevo y exótico capítulo. Si la venta de carne de burro en las carnicerías de Trelew ya había levantado polvareda, la última novedad promete no quedarse atrás: la leche de burra empieza a asomar como una alternativa nutricional, medicinal y hasta cosmética en el mercado nacional.
La iniciativa llega de la mano de Rogelio Allignani, un productor de Catamarca que maneja tambos de cabras y burras. Según Allignani, no estamos ante un invento moderno, sino ante un recurso milenario. «Se conoce desde hace mil años; el mismísimo Hipócrates ya la recetaba para problemas del hígado», disparó el productor, quien defiende a capa y espada las propiedades de este líquido, llegando a compararlo directamente con la leche humana por su composición.
Un aliado para la salud, pero con precio de lujo
Hoy por hoy, la leche de burra no es algo que vayas a encontrar en el buffet de la esquina para cortar el café. Se vende pasteurizada y congelada, enfocada principalmente en personas con dietas especiales. Uno de sus mayores beneficios sería su rol como sustituto ideal para niños que sufren alergia a la proteína de la leche de vaca. Además, el productor lanzó una línea de cremas y cosméticos basados en esta materia prima.
Eso sí, probarla no es nada barato. El medio litro ronda los 14 mil pesos, un precio que se justifica por la baja producción: cada burra da apenas un litro por día, y el proceso de ordeñe es extremadamente delicado. A pesar del costo, Allignani cree que es una oportunidad de oro para los pequeños productores que buscan salirse de lo convencional y apostar a futuro. Entre el asombro y la duda, la leche de burra ya está en la calle y la discusión recién empieza.
Fuente: ADN Sur
