Tras un juicio oral, la Justicia dictó ocho meses de prisión efectiva para Omar Arístides Cárcano. El delincuente, que ya contaba con antecedentes penales, cayó gracias al registro de las cámaras de seguridad y las denuncias de comerciantes y vecinos.
El insólito derrotero delictivo de un conocido delincuente de Puerto Madryn terminó de la peor manera para él: tras las rejas de un establecimiento carcelario. La jueza penal Patricia Reyes condenó a Omar Arístides Cárcano, de 40 años, a una pena de ocho meses de prisión de efectivo cumplimiento luego de comprobarse su autoría en una seguidilla de hurtos comerciales y violentas amenazas barriales.
La investigación, liderada por las fiscales María Florencia Bianchi y María Eugenia Vottero, logró reconstruir paso a paso el particular botín que Cárcano solía llevarse de los locales céntricos. El acusado enfrentaba cargos por cinco hurtos que incluían desde antojos gourmet como chocolates, latas de atún y escabeches, hasta anteojos, bebidas alcohólicas y un llamativo par de pantuflas infantiles del «Sapo Pepe».
Finalmente, la Justicia lo halló culpable por la sustracción de mercadería en una farmacia y una zapatería de la zona céntrica, elementos que la policía logró recuperar durante los procedimientos. El rastreo de las cámaras de seguridad y el rápido aporte de los comerciantes damnificados resultaron piezas clave para que el caso no quedara impune.
Violencia vecinal y antecedentes
Pero el raid de Cárcano no se limitaba a las góndolas. Durante el debate oral se sumaron graves denuncias por la convivencia en su propio barrio. Quedó acreditado que el ahora condenado llegó a exhibir un arma de fuego para amenazar a sus vecinos cuando estos le reclamaron por tirar basura en la vía pública. Además, el fallo incluyó un cargo por daños materiales contra una propiedad ajena.
A la hora de dictar la sentencia, la jueza Reyes valoró el cúmulo de pruebas recolectadas por la fiscalía —que incluyó pericias técnicas y testimonios clave— y determinó que la pena sea de cumplimiento efectivo en la cárcel, debido a que el imputado ya contaba con antecedentes computables.
