Casi dos semanas después de la desaparición de Pedro Kreder y Juana Morales en la zona de Rocas Coloradas, entre Comodoro Rivadavia y Camarones, el operativo de búsqueda sigue sin resultados concretos.
Pese al amplio despliegue anunciado por el gobierno provincial, no hay indicios firmes ni hipótesis sólidas que expliquen qué pasó con la pareja, y crece el malestar por la falta de conducción y claridad en la investigación.
El ministro de Seguridad, Héctor Iturrioz, reiteró que la principal línea de investigación apunta a que “la pareja se perdió”, aunque aclaró que “no se descartan otras posibilidades”.
Sin embargo, no existen pruebas que respalden esa versión. La camioneta fue hallada abandonada, con pertenencias personales, dinero en efectivo y una pala con barro, elementos que sugieren una salida brusca o forzada.
Las hijas de Kreder, por su parte, descartan la hipótesis de un extravío: sostienen que sus padres no habrían ido a esa zona por decisión propia y plantean la posibilidad de un robo o la intervención de terceros.
Durante los primeros días, el operativo movilizó más de sesenta efectivos, drones, perros rastreadores y vehículos 4×4. Se recorrieron decenas de kilómetros entre la costa y la Ruta Nacional 3, con hallazgos menores —huellas a varios kilómetros del vehículo, restos de fogatas apagadas—, pero ningún avance determinante.
El propio ministro reconoció que “no hubo avances relevantes”, confirmando así la ausencia de resultados concretos y alimentando la preocupación pública.
Descoordinación y silencio oficial
La gestión del operativo está marcada por la desorganización y la falta de información precisa.
No hay una línea de investigación clara, no se comunican avances parciales ni se explican las decisiones que guían las búsquedas.
La camioneta —pieza clave para el análisis forense— tardó días en ser peritada, y hasta el momento no se difundieron los resultados de esos estudios.
La familia de la pareja reclama transparencia y participación, pero las respuestas oficiales son escasas y contradictorias.
A esto se suma una comunicación errática: distintos voceros y declaraciones que se superponen, sin una estrategia unificada, generando más incertidumbre que calma.
Una gestión bajo la lupa
Las lagunas en la investigación son evidentes.
No se precisó si se analizó con seriedad la posibilidad de una desaparición forzada, ni existe una cronología clara de los movimientos de la pareja antes de su desaparición.
El tiempo perdido en los primeros días del operativo podría haber sido determinante, y la falta de resultados expone las fallas de planificación y conducción del Ministerio de Seguridad.
Pese a las apariciones públicas de Iturrioz en el terreno y sus anuncios de refuerzos, la gestión no muestra avances reales.
La insistencia en una hipótesis sin sustento y el hermetismo informativo erosionan la confianza pública y refuerzan la sensación de que el operativo se sostiene más por relato político que por evidencia concreta.
Dos semanas después, el caso de Pedro Kreder y Juana Morales sigue siendo un misterio.
No hay rastros, no hay hipótesis firmes y no hay responsables.
Solo silencio, declaraciones vacías y un operativo que se diluye entre la incertidumbre y la falta de respuestas.
