Este martes, a las 12:30 horas, los tribunales de Río Negro se convertirán en el escenario de una sentencia clave para la jurisprudencia médica regional. El juez Emilio Stadler revelará la pena impuesta a Javier Atencio Krause (46), el médico anestesiólogo cuya conducta negligente, marcada por la distracción con su dispositivo móvil, terminó con la vida del pequeño Valentín Mercado Toledo durante una intervención que debía ser rutinaria. El veredicto de culpabilidad ya es firme; lo que se define hoy es el alcance de la sanción para un profesional que, según las pruebas, priorizó la batería de su teléfono sobre la vida de su paciente.
En la audiencia de cesura, el fiscal Gastón Britos Rubiolo fue lapidario al describir la conducta de Atencio Krause como una «negligencia gravísima». Solicitó una condena de tres años de prisión en suspenso y la inhabilitación absoluta para ejercer la medicina por una década. Mientras la querella, representada por los abogados Zeballos Díaz y Aguilar, respaldó este pedido para sentar un precedente sobre el uso de tecnologías en áreas críticas, la defensa del médico intentó minimizar el impacto, solicitando que la prohibición de ejercer se limite únicamente al ámbito de la pediatría.
El caso se remonta a julio de 2024 en el Sanatorio Juan XXIII. Valentín ingresó para corregir una hernia diafragmática, una cirugía de baja complejidad que no presentaba riesgos mayores. Sin embargo, el peritaje técnico de las planillas del monitor multiparamétrico reveló una realidad aterradora: el niño permaneció diez minutos sin registros de presión arterial ni oxigenación sin que nadie interviniera.
La investigación judicial confirmó que, durante ese lapso crítico, Atencio Krause estaba absorto en su teléfono celular. La negligencia llegó al extremo de que el médico abandonó físicamente la sala quirúrgica para conseguir un cargador, dejando al menor sin supervisión profesional. Esta desatención impidió detectar una taquicardia que derivó en una hipoxia severa y una encefalopatía hipóxico-isquémica. «El imputado omitió su deber de vigilancia continua por no tomar en cuenta la rigurosidad del protocolo de actuación», sentenció el fiscal Rubiolo al analizar los fatales 10 minutos de desconexión médica.
Siete días de agonía y una «estafa emocional»
Mientras la lesión cerebral de Valentín se volvía irreversible debido al descuido con el celular, sus padres, Ariana Toledo y Daniel Mercado, eran víctimas de lo que los peritos calificaron como una «estafa emocional». Durante una semana, el personal del sanatorio les brindó información contradictoria, asegurándoles que la evolución era positiva y que el niño pronto despertaría, ocultando el incidente ocurrido en el quirófano.
El calvario culminó cuando Valentín presentó síntomas inequívocos de muerte cerebral, como convulsiones y fiebre. El relato de Ariana en el juicio conmovió a los presentes: describió cómo debió sostener a su hijo en brazos mientras le anunciaban que lo desconectarían. Hoy, la familia no solo busca una pena de prisión, sino una sanción profesional que garantice que ningún otro médico anteponga el uso de un celular a la responsabilidad de proteger la vida en una mesa de operaciones.
