Cansados de esperar soluciones, un grupo de basquetbolistas adaptados decidió tomar las herramientas y mejorar por su cuenta un tramo crítico del centro.
En la esquina de 9 de Julio y Rodríguez Peña, justo frente al colegio Carbó, un grupo de deportistas en silla de ruedas terminó haciendo lo que el Estado no hizo en casi dos décadas: arreglar las veredas que les impiden circular para ir a entrenar.
El tramo, según los vecinos de la zona, lleva entre 15 y 20 años deteriorado, lleno de desniveles, grietas y pozos profundos que vuelven imposible el paso. Para quienes dependen de una silla de ruedas, ese recorrido no solo es incómodo: es peligroso.
“No queda otra que ir por la calle, y encima en contramano”
Marcos, uno de los integrantes del equipo, explicó en El Show del Lagarto que presentaron notas, formularon pedidos y elevaron reclamos, pero nada cambió. Dos veces por semana pasan por ese punto para tomar la línea 20 camino a sus prácticas deportivas.
“Tenemos que hacer todo el trayecto por la calle porque la vereda no se puede transitar. Venimos desde Colón para llegar a 27 de Abril y Deán Funes y avanzamos en contramano. Es un riesgo constante”, relató.
Trabajo autogestionado, con recursos propios
Los deportistas entrenan en distintos espacios que les ceden y remarcan que el básquet adaptado es mucho más que un deporte: funciona como sostén emocional y una forma de estar en comunidad. A su vez, integran una fundación con más de doce años de trabajo enfocada en la accesibilidad urbana.
“Queremos una ciudad accesible, donde todas las personas puedan moverse sin obstáculos. Y demostrar que, aun en silla de ruedas, también trabajamos y aportamos”, afirmó Marcos.
Ante la ausencia de respuestas oficiales, decidieron comprar materiales con su propio dinero: bolsas de cemento, áridos, herramientas básicas. Desde el viernes pasado se organizaron como cuadrilla improvisada y comenzaron a rellenar pozos, emparejar rampas y reconstruir tramos enteros del camino.
Un problema que afecta a miles de cordobeses
El reclamo de este equipo vuelve a exponer una dificultad que atraviesa a toda la ciudad: las veredas rotas, las rampas mal hechas y los obstáculos permanentes en los espacios públicos. No solo complican a personas con discapacidad, sino también a adultos mayores, familias con cochecitos y peatones en general.
Aunque este grupo solo intervino un sector puntual, su iniciativa reactiva la discusión sobre la necesidad de un plan integral de accesibilidad, algo que distintos colectivos ciudadanos vienen pidiendo hace años.
Mientras tanto, ellos avanzan con lo que debería ser una garantía básica: poder llegar a entrenar sin jugarse la vida en el tránsito.
