Ariel Molina regresó a su hogar y descubrió que delincuentes se llevaron su motosierra, hachas y serruchos. Ante la falta de recursos, se instaló en el acceso de la ciudad para intentar comercializar su mercadería y recuperar algo de lo perdido.
La inseguridad en la ciudad volvió a golpear a quienes intentan salir adelante con el esfuerzo diario. Ariel Molina, un vecino que se dedica a la venta de leña, vivió una jornada marcada por la frustración y la delincuencia. Tras un intento fallido de concretar una venta previamente pactada, regresó a su vivienda para encontrarse con que le habían sustraído sus elementos de trabajo esenciales.
«Fue más maldad que otra cosa»
El damnificado relató que se dirigió hacia la zona del Dinosaurio, en el acceso norte, para entregar un pedido de leña que finalmente no le compraron. Al volver a su domicilio, descubrió que personas desconocidas habían ingresado para llevarse un serrucho nuevo que había adquirido hace apenas un mes, un hacha, un cuchillo viejo y una motosierra que le habían prestado para poder cumplir con sus labores.
Molina expresó su dolor ante lo que considera un ataque deliberado para impedirle trabajar: «Me rastrearon el disco que yo usaba para cocinar, un hacha y una motosierra que me habían prestado, y hasta un horno que estaba roto. Ese fue el gran robo… fue más la maldad para que yo no pudiera hacer mis cosas que otra cosa», lamentó.

La lucha por seguir adelante
Sin herramientas y con la impotencia de haber perdido lo poco que tenía, el trabajador decidió instalarse nuevamente en el sector del Dinosaurio para intentar vender los troncos que le quedaron. «Acá estoy, tratando de venderlo porque no tengo ni plata ni herramientas ahora. Ya no tengo más nada», manifestó con angustia.
Ariel detalló los precios de sus productos con la esperanza de que los vecinos puedan colaborar con su situación:
Medio bolsón: $17.500
Bolsón de troncos: $30.000
Leña hachada: $35.000
Servicio: Entrega a domicilio incluida.
Una dura crítica social
El hecho llevó al vecino a realizar una amarga reflexión sobre la realidad actual en Trelew, cuestionando los valores que priman en la comunidad y la desprotección que sufren los trabajadores. «Si trabajás te roban, te maltratan, te humillan. Para salir adelante parece que tenés que ser transa, chorro o político», sentenció con indignación, evidenciando el hartazgo ante la falta de justicia y seguridad para quienes viven de su propio esfuerzo.
