A casi siete meses de la tragedia, su tío Pablo rompió el silencio. Habló del dolor de la pérdida, el gesto solidario de la donación de órganos, la alarmante vulnerabilidad en la que quedó su hermana y el pedido urgente de justicia ante un caso de picadas ilegales.
El dolor sigue a flor de piel, pero la memoria de Nicolás se mantiene más viva que nunca a través de la solidaridad y el reclamo de justicia. El próximo 30 de mayo se conmemora el Día Nacional de la Donación de Órganos, una fecha que este año cala hondo en la comunidad de Trelew: se cumplirán exactamente siete meses desde que Nicolás fue despedido de este mundo, dejando una huella imborrable al salvar la vida de seis personas a través de la donación de sus órganos.
Su tío materno, Pablo, dialogó hoy en exclusiva con Jornada y compartió por primera vez el calvario que vive la familia. Recordó que Nicolás fue embestido una noche de viernes al salir de la iglesia por un vehículo que realizaba picadas ilegales. Según detalló, el rodado estaba preparado para competir y esa misma noche sus ocupantes lo estaban probando en las inmediaciones del circuito Mar y Valle para medir su aceleración. «La pregunta es cuántas familias más van a tener que terminar destruidas o arruinadas por homicidas al volante. Si alguien mata, tiene que ir preso», sentenció con firmeza, exigiendo una condena efectiva para los responsables.
Un monolito para concientizar
Para que su sobrino sea recordado eternamente, la familia se encuentra abocada a la construcción de un monolito en la ciudad de Rawson. El objetivo de este espacio no es solo rendirle homenaje a la memoria de «Nico», sino también generar un punto de concientización social sobre la vital importancia de la donación de órganos, tejidos y células.
El drama habitacional de su madre
Más allá del laberinto judicial y el proceso de duelo, la tragedia golpeó con crudeza la realidad económica de la madre de Nicolás. El joven era uno de los principales sostenes del hogar, y tras su partida, su madre no pudo continuar afrontando el pago del alquiler de la vivienda donde residía junto a sus otras dos hijas, Micaela y Sofía.
Esta alarmante situación de vulnerabilidad obligó a la mujer y a las niñas a mudarse a la casa de la abuela de Nicolás. Pablo visibilizó las extremas condiciones de hacinamiento en las que se encuentran actualmente: «Para que tengan una idea de cómo están viviendo, la casa de mi mamá tiene una sola habitación que mide 3 por 3 metros. Ahí adentro viven hoy mi mamá, mi hermana Noelia y mis sobrinas Sofía y Micaela».
La historia de Nicolás entrelaza el milagro de la vida para las seis familias que recibieron sus órganos con una profunda necesidad de contención local. Mientras la familia avanza en la edificación del monolito para concientizar a la sociedad, la comunidad de Trelew y las autoridades enfrentan el desafío urgente de responder al pedido de justicia y brindar una asistencia habitacional digna para una madre que, en medio de su mayor desgracia, tuvo la generosidad de salvar vidas.
