Con la llegada al mundo del pequeño David, Mabel se posicionó entre las madres primerizas de mayor edad registradas en el país. El bebé nació por cesárea en perfecto estado de salud tras un impecable proceso de fecundación in vitro.
SAN NICOLÁS | La perseverancia, la ciencia y el amor de madre coincidieron para dar forma a una historia verdaderamente conmovedora en la provincia de Buenos Aires. En la ciudad de San Nicolás, Mabel concretó el sueño de toda su vida a los 62 años al dar a luz a su primer hijo, David, un bebé que pesó 2,750 kilos y se encuentra en óptimas condiciones. El acontecimiento la ubica entre los casos de maternidad de mayor edad documentados en la historia de la medicina argentina.
La gestación fue posible a través de un procedimiento de fecundación in vitro con ovodonación realizado en Rosario. A pesar de los desafíos médicos que implica un embarazo en una etapa postmenopáusica, el proceso avanzó sin contratiempos.
«Tuvo un embarazo maravilloso y un nacimiento hermoso», destacó la obstetra Romina Ruffini, quien acompañó de cerca a la paciente y resaltó su serenidad y compromiso a lo largo de cada control preventivo.
Invadida por una profunda emoción tras la cesárea, Mabel compartió sus primeras palabras aún desde la clínica: «Nació hoy mi hijo David. Estoy perfecta. Es precioso, nació sano y bien». Aunque debió aguardar unos momentos para tenerlo en brazos mientras el recién nacido cumplía los controles de rutina en neonatología, la flamante mamá expresó sentirse plenamente realizada tras años de no bajar los brazos en su deseo de maternar.
Un fenómeno con eco mundial
El caso de Mabel se inscribe en una reducida lista de maternidades excepcionales registradas a nivel global mediante tratamientos de fertilidad asistida:
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Rumania (2005): Adriana Iliescu fue madre a los 66 años.
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España (2006): María del Carmen Bousada de Lara dio a luz a mellizos a punto de cumplir los 67 años.
La hazaña de esta mujer bonaerense no solo reabre el debate sobre el avance incesante de las tecnologías reproductivas en la medicina moderna, sino que demuestra que, cuando el deseo de dar vida permanece firme, no hay fronteras ni barreras cronológicas imposibles de superar.
