No fue una percepción exagerada ni un “olor raro más”. En un barrio de Trelew, vecinos vivieron varias horas con un hedor nauseabundo que hizo imposible quedarse dentro de las casas y encendió todas las alarmas.
Cansados de aguantar el tufo, salieron a rastrear de dónde venía y dieron con el foco del problema: un galpón donde se veía gente trabajando con cajones plásticos y un camión estacionado, en una actividad que, según relatan, no sería habitual ni estaría habilitada para la zona.
La sospecha fue directa: estarían procesando langostinos en el lugar. Y ahí la preocupación escaló rápido, no solo por el olor sino por los posibles riesgos sanitarios y ambientales que implica manipular productos del mar sin controles visibles.
Como si faltara algo para alimentar la desconfianza, apenas los vecinos dieron aviso, el camión se retiró del galpón a los pocos minutos, un detalle que dejó más preguntas que respuestas.
“El olor era insoportable, empezamos a buscar de dónde salía y era de ahí”, contaron. Por eso reclaman inspecciones urgentes para determinar si la actividad cumple con la normativa vigente o si se trató de un operativo totalmente fuera de regla.
Hasta el momento, no hubo intervenciones ni comunicados oficiales por parte de organismos municipales o provinciales. Mientras tanto, en el barrio esperan que alguien ponga la nariz… y el sello de control.
