Tras arrebatarle el invicto a Worthington por nocaut y conquistar su cuarta corona mundial, la campeona regresó a Trelew. Entre las compras diarias en el barrio y el gimnasio, Soledad analiza las ofertas para defender su nuevo cinturón AMB.
En el boxeo, se dice que el tiempo es el rival más implacable. Sin embargo, Soledad Matthysse parece haber pactado un empate técnico con el reloj. A los 45 años, cuando la mayoría de los atletas observan el deporte desde el recuerdo, la chubutense volvió a sacudir el tablero internacional al conquistar el título mundial interino superligero de la AMB en tierras norteamericanas.
Luego de la hazaña en la que noqueó técnicamente en el octavo asalto a la favorita y hasta entonces invicta Samantha “The Heat” Worthington, «La Itaka» regresó a su Trelew natal. Pero lejos de los flashes de Las Vegas, su realidad hoy se divide entre la gloria eterna y la sencillez de la vida cotidiana.
El secreto del batacazo: estudio y convicción
Junto a su entrenador y pareja, Mario Narváez, Soledad bajó los decibeles de la euforia para analizar una victoria que pocos veían posible fuera de su círculo íntimo.
«Íbamos seguros del entrenamiento, de la preparación y de haber estudiado al rival. Fue más trabajo de mi entrenador que mío, pero era lo que esperábamos», confesó la campeona en diálogo con TveoTrelew.
La clave, según explican, radicó en no dejar el resultado en manos de los jurados locales: «Sabíamos que siempre es difícil ganar afuera, pero últimamente nos ponemos al 100% para no dejar dudas», sentenció, haciendo referencia a la contundencia del nocaut que silenció el estadio.

