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El festín del Pacífico: cómo el salmón Chinook está cambiando las reglas de la selva patagónica

Investigadores del CENPAT documentaron un fenómeno inédito en la provincia de Santa Cruz: pumas que pescan ejemplares vivos y una vasta red de carroñeros que subsiste gracias a las toneladas de restos que deja esta especie invasora.

La naturaleza en la Patagonia está escribiendo un capítulo inesperado en su historia evolutiva. Lo que comenzó hace 45 años como la introducción de una especie exótica, el salmón Chinook (Oncorhynchus tshawytscha), se ha transformado hoy en un motor que recalibra la dieta de la fauna autóctona. Científicos del Centro Nacional Patagónico (CENPAT) han revelado que este gigante del Pacífico Norte, que puede alcanzar los 60 kilos y superar el metro y medio de largo, no solo altera los ríos donde desova, sino que ha generado una interacción trófica sin precedentes con el depredador tope de la región: el puma.

El hallazgo más sorprendente de la investigación, liderada por Javier Ciancio del CESIMAR-CONICET, es la observación de pumas cazando salmones vivos directamente en el agua. Aunque estos dos animales coexisten en Norteamérica, allí el puma se mantiene alejado de los ríos debido a la dominancia de los osos. En el sur argentino, la ausencia de competidores y el proceso de recolonización del felino han permitido que este se especialice en presas inusuales. Las sospechas sobre este comportamiento surgieron en el río Caterina, donde se hallaban restos de peces a cientos de metros del cauce, pero no fue hasta 2022 que un pescador logró avistar las maniobras de caza y los sitios de carneo que confirmaron el fenómeno.

Sin embargo, el impacto del salmón no termina con la depredación directa. Al ser una especie semélpara, el Chinook invierte toda su energía en un único evento reproductivo tras el cual muere de forma masiva. Este ciclo biológico deposita una cantidad abrumadora de biomasa en los ecosistemas fluviales; los investigadores han llegado a estimar hasta 20 toneladas de carcasas en sectores muy reducidos de los ríos santacruceños. Este despliegue de nutrientes funciona como un gigantesco comedero a cielo abierto para una comunidad diversa de carroñeros que incluye cóndores, águilas mora, zorros, zorrinos y diversos tipos de caranchos.

Para dimensionar la magnitud de este aporte, el equipo del CENPAT utiliza cámaras trampa e isótopos estables, que funcionan como «etiquetas químicas». Estas herramientas permiten rastrear cómo los nutrientes que vienen del mar a través del salmón se integran en la dieta de los animales terrestres y en toda la trama trófica del valle. Lo que antes era un sistema dependiente de los recursos locales, hoy se ve atravesado por esta inyección de energía marina que, para bien o para mal, ha convertido al salmón invasor en una pieza central de la supervivencia invernal en la estepa.

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