Trabajadores de diversos rubros coinciden en que un solo ingreso ya no alcanza para cubrir la canasta básica. Testimonios locales revelan estrategias cotidianas que van desde las changas extras hasta el esfuerzo de sostener dos empleos para subsistir.
La economía doméstica en Trelew atraviesa un escenario complejo donde el estiramiento del presupuesto se ha vuelto una disciplina diaria. En un relevamiento que abarcó a trabajadores independientes, empleados bajo relación de dependencia, vendedores ambulantes y asesores comerciales, se evidenció una realidad ineludible: los ingresos tradicionales ya no son garantía de estabilidad y la necesidad de buscar alternativas financieras es el denominador común en la mayoría de los hogares.
La brecha entre los salarios y el costo de vida obliga a los vecinos a recalcular sus estrategias de subsistencia de manera constante. Mientras que algunos logran cubrir los costos fijos de manera ajustada, otros ya dependen de la sumatoria de múltiples cajas de ingresos dentro de un mismo grupo familiar para evitar caer bajo la línea de la pobreza.
El peso del alquiler y la combinación de ingresos
Para quienes forman parte del sector informal o cuentapropista, la previsibilidad es un lujo. Un vendedor ambulante de la ciudad expuso la delicada ingeniería que requiere su día a día, donde la recaudación cotidiana define directamente el plato de comida: «Depende de las horas, de lo que venda más o menos. Alquilo una casa y para la comida algo me tengo que guardar», detalló, remarcando que, aunque logra subsistir de su actividad sin buscar otro empleo formal, el margen de maniobra es mínimo.
En los hogares con estructuras familiares más amplias, la ecuación de un único sostén económico quedó prácticamente obsoleta. Una trabajadora independiente de la localidad graficó la situación actual al explicar la dinámica con su pareja: «Trabajamos los dos con mi marido, entonces sí, ahí más o menos llegamos, pero a un solo sueldo no». La entrevistada añadió que, ante cualquier imprevisto o mes adverso, la activación de tareas secundarias para generar recursos adicionales se vuelve una obligación.
«Llegar rajuñando»: el fenómeno del pluriempleo
La presión económica no distingue necesariamente los niveles de formalidad laboral. Quienes cuentan con empleos fijos también reportan severas dificultades para atravesar la última semana de cada mes. Una vecina que se desempeña en dos cargos en simultáneo reconoció que sus ingresos mensuales apenas alcanzan la meta: «Llego justito», sintetizó, aclarando que la crianza de un bebé pequeño es el único límite que hoy le impide sumar una tercera actividad a su rutina.
“Se llega a los tirones, pero se llega.”
Esa frase, compartida por otro de los trabajadores consultados, resume el sentir generalizado de una clase trabajadora que se reparte entre sus obligaciones principales y las «changas» de fin de semana.
En sintonía, un asesor de ventas de la ciudad describió el impacto de la inestabilidad de las variables comerciales en su sueldo básico: “Hay veces que cuando no llego a la comisión, llego rajuñando”. Para amortiguar ese desfasaje, el empleado complementa su economía formal con proyectos vinculados a la música y la búsqueda constante de nichos alternativos, concluyendo con una lectura compartida por gran parte de la comunidad: “Con un solo trabajo estamos medio ahí”.
La radiografía urbana de Trelew expone que la preocupación por el cierre del ciclo mensual ya no es un problema aislado de los sectores más vulnerables, sino una realidad transversal que obliga a reformular los hábitos de consumo y la organización laboral de toda la comunidad.
Con información de Canal 12.
