Con presupuestos cada vez más ajustados, las familias buscan alternativas económicas para sostener el consumo de proteínas.
El asado y los cortes vacunos ya no ocupan el mismo lugar en la mesa de muchas familias argentinas. La caída del poder adquisitivo impulsa cambios en los hábitos alimentarios y lleva a los consumidores a buscar opciones más económicas, con el pollo y el cerdo entre las alternativas elegidas.
La diferencia de precios pesa cada vez más al momento de llenar el changuito. Cortes como la pata muslo y las alitas permiten estirar el presupuesto, mientras que la carne vacuna queda relegada en algunas compras.
El cambio también impacta en las carnicerías, que buscan adaptarse a la nueva demanda e incorporar más productos avícolas y porcinos para evitar que la mercadería vacuna quede sin vender.
La tendencia refleja una transformación en el consumo cotidiano: cuando la plata no alcanza, la elección ya no pasa solamente por el gusto, sino por cuánto rinde cada peso.
Para los comerciantes, el desafío es sostener las ventas. Para las familias, el objetivo es cada vez más básico: llevar comida a la mesa sin desbordar el presupuesto.
Fuente: NA
