Una situación compleja atraviesan los campos productivos en Chubut. A la fecha, hay más de 500 mil hectáreas productivas quedaron sin actividad en el noreste provincial, lo que refleja el deterioro de un modelo histórico que sostuvo durante generaciones la vida en la meseta.
El presidente de la Sociedad Rural del Valle del Chubut, Ricardo Irianni, reconoció que «nadie cierra un campo o una actividad porque quiere”, al sostener que detrás de cada establecimiento que baja la persiana hay familias que ya no pueden sostener la producción.
Según explicó, el problema combina falta de rentabilidad, presión económica, caminos en mal estado, costos logísticos elevados y ausencia de políticas de incentivo para sostener la actividad.
“Cierran los campos por esto, falta de rentabilidad”, insistió.
Solo en su zona de influencia, señaló, ya son más de 50 establecimientos los que dejaron de producir. La situación no solo impacta en la economía rural. También empuja el abandono de puestos y estancias, acelera el éxodo hacia ciudades costeras y pone en riesgo el arraigo de familias que llevan tres y hasta cuatro generaciones trabajando la tierra.
Además, muchos productores intentaron reconvertirse pasando de la ganadería ovina a la vacuna, pero los resultados no lograron revertir la crisis.
Irianni reclamó reglas claras e incentivos similares a los que reciben otros sectores productivos. “Los productores agropecuarios necesitan lo mismo”, sostuvo al comparar la situación del campo con beneficios que hoy tienen otras actividades.
Para el sector, el vaciamiento de la meseta ya no es una advertencia futura sino una realidad instalada. Y sin medidas urgentes, advierten que puede transformarse en un cambio irreversible para el mapa social y productivo de Chubut.
Fuente: LU17
