Lo que comenzó como una gravísima denuncia por secuestro y abuso sexual terminó con un hombre sobreseído tras pasar tres meses preso y otro mes bajo arresto domiciliario en Rawson. La causa dio un giro inesperado cuando apareció un audio clave: la propia denunciante admitía, entre risas, que había mentido.
El caso se inició en octubre de 2025. Una mujer llamó por WhatsApp a la Comisaría de la Mujer utilizando el celular de su pareja. En esa comunicación aseguró que llevaba un mes secuestrada y denunció además haber sido víctima de dos abusos sexuales agravados con acceso carnal.

Tras la denuncia, la policía allanó la vivienda del acusado y encontró a ambos en el lugar. El hombre fue detenido y trasladado a la Comisaría de Playa Unión. La acusación era gravísima y estaba respaldada inicialmente por un informe del Cuerpo Médico Forense que detectó lesiones genitales compatibles con un presunto abuso.
La pena prevista para ese tipo de delitos podía alcanzar los 20 años de prisión.
Sin embargo, con el correr de la investigación comenzaron a aparecer inconsistencias. La defensora particular del acusado, Gladys Olavarría, sostuvo que la relación entre ambos estaba marcada por discusiones y reconciliaciones constantes. Incluso reveló que el hombre ya había denunciado a la mujer meses antes por incendiarle la casa.
“Era imposible sostener una privación ilegítima de la libertad”, planteó la abogada, al señalar que la vivienda tenía daños estructurales y ni siquiera contaba con cerraduras funcionales tras el incendio.
La defensa también encontró varios testigos que tuvieron contacto con la mujer durante el supuesto mes de cautiverio. Ninguno observó señales de violencia ni pedidos de ayuda.
UNA CONVERSACIÓN CLAVE
El punto de quiebre llegó con un audio grabado por la hermana del acusado. En esa conversación telefónica, la denunciante negó haber sido abusada o secuestrada.
Según explicó la defensora Olavarría, la mujer reconoció que mantenían “relaciones bruscas pero consentidas” y atribuyó a eso las marcas detectadas en los estudios médicos.
Además, en la charla admitía que había viajado voluntariamente a Puerto Madryn y que incluso había arrojado al mar el botón antipánico que tenía asignado por una restricción de acercamiento.
Para la defensa, ese dato demostraba que no era el hombre quien incumplía la prohibición, sino la propia denunciante quien buscaba acercarse.
Otro elemento que debilitó la acusación fue el peritaje del celular del imputado. Allí encontraron videos donde se los veía juntos y en un clima completamente distendido durante su estadía en Madryn.
Después de cuatro meses privado de su libertad, el hombre recuperó su vida. La causa quedó marcada como uno de los casos judiciales más impactantes de los últimos tiempos en Rawson.
Fuente: Diario Jornada
