Una fotografía publicada en el grupo de Facebook «Observando Trelew» se volvió viral al rescatar del olvido el histórico predio de juegos. Manolito, los kartings y las tardes de pinos marcaron a fuego la infancia de generaciones de trelewenses.
Una fotografía difícil de hallar publicada en el grupo «Observando Trelew» desató una ola de recuerdos sobre la mítica calesita ubicada en la calle Lewis Jones. El posteo destaca que aquel lugar no era solo una atracción mecánica, sino un centro de encuentro donde «Manolito» la hacía girar todos los días.
Crónicas de una infancia al aire libre
El espacio es recordado por sus múltiples desafíos y entretenimientos que marcaron a los niños de entonces. Según el relato original, el predio contaba con:
Kartings y carreras eternas que definían las tardes de juego.
Hamacas y pasamanos que representaban «desafíos de otro nivel» para los más pequeños.
Paredones bajos y pinos a los que todos se trepaban para pasar las horas.
Incluso se recuerda una «pasarela de madera» que fue demolida con el tiempo, pero que permanece firme en la memoria de quienes jugaban allí.
El mapa de la nostalgia trelewense
La publicación motivó a los vecinos a compartir detalles específicos de la vida urbana de hace décadas. Entre las respuestas, los ciudadanos recordaron con afecto hitos comerciales y recreativos como:
Jugueterías emblemáticas: Se mencionaron «Bombolo», ubicada en el pasaje de la calle 25 de Mayo, y «Vanmardi» sobre la calle Pellegrini.
Puntos de reunión: Los videojuegos «Miguel Ángel» en la calle Fontana y la fábrica Soltex en 25 de Mayo y Corrientes.
Evolución del predio: Algunos vecinos recordaron que hacia 1978 la calesita se ubicaba donde actualmente se encuentra el ACA, lugar que lucía «siempre lleno de chicos especialmente los domingos».
Anécdotas que resisten al tiempo
Los testimonios personales aportaron calidez al relato histórico. Una vecina recordó cómo se «colaba en la calesita» y esperaba pacientemente su turno en las hamacas, mientras que otros rememoraron la emoción de ganar «cartas de los Pitufos» o recibir un «copo de algodón dulce» de regalo cuando el parque cerraba por la noche.
Aunque hoy el lugar físico haya cambiado o desaparecido, la comunidad coincide en que allí sigue guardada «una parte de la infancia». Como concluyó uno de los participantes: «Lástima que ya no exista más… solo queda el recuerdo».
